Sonidos de videojuegos polacos con inspiración rosarina

Jazmín Giolito estudió música, se especializó en tecnología y trabaja para que los entretenimientos virtuales se escuchen cada vez mejor.

A fines de 2016, en el Polo Tecnológico Rosario trabajaban unas 3 mil personas, el 60 por ciento no habían cumplido los 30 años, y una de las mayores dificultades que presentaban las empresas de software, telecomunicaciones e ingeniería era encontrar de recursos humanos capacitados. Sin embargo, nada de esto estaba en la cabeza de Jazmín Giolito cuando, caminando por los pasillos de la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Rosario, se topó con un cartel de una comunidad de desarrolladores de videojuegos que buscaban compositores.

“Ese día, me dio vuelta la vida como un panqueque”, dice cinco años después en un Zoom Rosario-Varsovia, ciudad a donde llegó en 2020 para trabajar en el nuevo proyecto de The Astronauts, una empresa independiente polaca. Witchfire es un videojuego de acción en primera persona, un “Shooter” (juego de tiros, como los califica la crítica) inmerso en un mundo de fantasía oscura, con buenas dosis de ambientes tétricos, mundos en ruinas y enemigos esqueléticos.

Jazmín tiene 28 años, es técnica universitaria en sonido y grabación, profesora en composición, está terminando la tesis de la licenciatura en tecnologías aplicada al arte sonoro y desde 2018 trabaja como compositora o diseñadora de sonido para proyectos de videojuegos de estudios de distintos países. Además participa como voluntaria de varias organizaciones comunitarias, relacionadas con la industria y, particularmente, con el fomento de la creación de videojuegos en Latinoamérica y el empoderamiento del trabajo de las mujeres en esos proyectos.

Un currículum intenso y vertiginoso para la hija de un médico y de una docente, que estudió en la escuela pública, que ama la música y que nunca hubiera pensado que su alegría cuando de niña su papá le regaló una consola Sega para su sexto cumpleaños se podía transformar en un trabajo.

Inicio del juego

“Cuando estaba en el tercer año de la Licenciatura de Música, se implementó la carrera en tecnologías aplicadas al arte sonoro y me entusiasmó mucho porque yo tenía mucha formación en la teoría pero ninguna herramienta tecnológica”, recuerda Jazmín puesta a desandar el camino que la condujo a su primer trabajo formal.

Y todo empezó con una convocatoria a una reunión de desarrolladores de videojuegos que encontró en “el transparente” de un pasillo de la facultad. “En el ámbito universitario no se habla de videojuegos, pese a que es una de las aplicaciones laborales de la carrera. Me tomó tiempo decidirme, sobre todo porque todo lo relacionado con la tecnología es generalmente un ambiente muy masculino, pero también porque tenía muy poca experiencia en eso”, recuerda Jazmín.

Pero, después de darle muchas vueltas al asunto, se animó. “Me sentí muy bienvenida en una comunidad plenamente activa y muy generosa. Aprendí mucho allí, le podía escribir a un director de audio de un estudio gigante o un súper profesional que siempre me contestaban con mucha cordialidad. Creo que encontrarme con eso fue lo que más me entusiasmó de toda esta historia”, cuenta.

Después vinieron las “game jams” jornadas de 24 o 48 horas de trabajo colectivo donde se desarrollan proyectos de videojuegos. Pero lo más parecido a un empleo llegó a través de una política pública. Junto a otros integrantes de la comunidad gamer prepararon la carpeta que presentaron a la convocatoria de Espacio Santafesino, una iniciativa para estimular el desarrollo de las industrias de base cultural de la provincia.

“Mi primer sueldo vino de allí _cuenta_. Teníamos un presupuesto y en función de eso, cada uno anotaba las horas que trabajaba y repartíamos el dinero de esa forma. Era lo más parecido a un primer trabajo que muchos tuvimos”. Kori, el juego de puzzles centrado en el goce estético, que surgió de de esa aventura obtuvo varios premios y le allanó el camino para participar de otros proyectos.

El sonido vivo

Jazmín dice que cinco años atrás no se hubiera imaginado la vida que lleva actualmente y reconoce que su trabajo es muy diferente al que hacen sus padres. Considera que “es mucho más flexible en tiempos y horarios, no tengo una oficina, no marco tarjetas y el acento está puesto en que realice mi trabajo de la mejor manera posible”.

También destaca la oportunidad de aprender continuamente sobre nuevos programas o nuevas técnicas. En los videojuegos, dice, el sonido está más vivo que en cualquier otro medio “porque se agrega la interactividad y todas las operaciones lógicas que demandan los videojuegos”. Y además, resalta la existencia de todo un circuito de creadores independientes, con propuestas innovadoras y narrativas interesantes.

Para Jazmín, hay mucho trabajo por delante.

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